Las tertulias pedagógicas dialógicas en tiempos de confinamiento

En el Centro de Educación Especial Virgen de la Esperanza de Cheste realizamos tertulias pedagógicas dialógicas desde hace varios años. Hemos creado, poco a poco un lugar de transformación personal y profesional, que hace que mejoremos como personas y como profesionales de la educación, pues todo este aprendizaje se traslada, por un lado, a la vida del aula mejorando así las vidas de nuestros/as alumnos/as y, por otro, a la nuestra propia transformando así la de las personas que nos rodean. Ahora, en esta situación nueva para todos/as, en la que el confinamiento ha puesto en pausa parte de nuestras relaciones y parte de nuestras actividades más cotidianas, hemos querido dar continuidad a nuestras tertulias pedagógicas dialógicas.

¿Por qué no hacerlas en estas circunstancias de forma diferente, pero manteniendo lo fundamental? Ahora tienen, si cabe, más sentido y las vivimos con más fuerza. Y ello se ha traducido en continuar nuestras tertulias de manera online, nos ha permitido reunirnos con más frecuencia, pues han pasado de realizarse cada tres semanas a hacerse semanales y también ha facilitado la participación de alguna familia a las mismas. En definitiva, esta situación tan complicada ha hecho aumentar nuestras interacciones.

En tiempos de confinamiento la tertulia nos permite compartir la realidad que estamos viviendo, nos permite mejorar el acompañamiento que realizamos a nuestras familias en estos momentos tan duros para muchas de ellas. Nos permite ayudarnos con las dificultades que vamos encontrando en este nuevo escenario que es el teletrabajo y nos ayuda a pensar y repensar mejoras para cuando, por fin, la situación lo permita y volvamos al centro escolar. Nos da la posibilidad de no decaer, no parar, seguir activos/as y mantener viva la educación.

Cuando acabamos la tertulia se puede ver en nuestras caras la alegría, las sonrisas, las caras pensantes ante la multitud de temas surgidos, los silencios activos, podemos vislumbrar cómo se abre la mente, pero también los corazones. Terminamos, en definitiva, con la satisfacción de haber llenado nuestra mochila de todo aquello que genera el sentido necesario para seguir construyendo una escuela mejor.

Esta situación ha paralizado muchos aspectos de nuestra vida, sin embargo, no ha conseguido frenar la ilusión por nuestro trabajo, nuestra esencia social, nuestra necesidad de aprender de los demás, de compartir, de escuchar, de pensar y repensar la educación. Poder seguir compartiendo todo ello es un gran regalo que nos permite la tecnología, pero que nos sería posible sin la voluntad de todas las personas que formamos parte de este increíble espacio como son las tertulias pedagógicas dialógicas.